“Compartimos lo que sentimos y cómo seguir adelante.”

Cada lectura puede acercarte a una forma más tranquila, consciente y amable de estar contigo mismo/a.

“La vergüenza se disuelve cuando nos atrevemos a mostrarnos tal como somos.”
Pasé años intentando esconder lo que me hacía sentir diferente. Ahora sé que no tenía que esconderme, sino abrazarme.

tabla de contenidos

1. Una historia real 2. El consejo de… MARTÍN 3. Preguntas a contestar 4. Qué sentimientos tenemos que gestionar 5. Qué nos decimos 6. Qué nos ayuda 7. ¿Necesitas ayuda?

1. Una historia

Durante mucho tiempo sentí que debía esconder partes de mí. Evitaba hablar de ciertos temas, bajaba la mirada cuando algo me hacía sentir expuesta, y sonreía aunque por dentro me invadiera la incomodidad. Pensaba que si mostraba mis errores o mis inseguridades, los demás dejarían de verme con respeto.

La vergüenza se fue colando poco a poco en mis gestos, en mis silencios, en la forma en que me trataba. Empecé a exigirme ser perfecta, a disimular lo que no encajaba, a disculparme por sentir. Pero cuanto más lo hacía, más me alejaba de mí misma.

Un día comprendí que la vergüenza no desaparece escondiéndola, sino mirándola de frente. Entendí que todos, en algún momento, nos sentimos así: fuera de lugar, juzgados, insuficientes. Y que hablar de ello no nos debilita, sino que nos libera.

Aprendí que mostrarme tal como soy —con mis torpezas, mis límites y mis heridas— no me resta valor. Al contrario, me acerca a los demás y me permite tratarme con la ternura que antes solo ofrecía a otros.

La vergüenza sigue apareciendo a veces, pero ya no manda. Ahora la reconozco, la escucho, y sigo adelante.


2. El consejo de... MARTÍN

La vergüenza puede ser muy silenciosa, pero pesa mucho. A veces aparece sin darnos cuenta: en una palabra que no dijimos, en una mirada que evitamos, en la sensación de no estar a la altura. Nos hace pequeños, nos encierra y nos convence de que hay algo en nosotros que no está bien.

Mi consejo es que no la combatas con dureza, sino con respeto. La vergüenza no se vence fingiendo que no existe, sino dándole un lugar seguro donde pueda transformarse. Cuando la miras con amabilidad, empieza a perder fuerza.

Recuerda que todos sentimos vergüenza alguna vez, incluso quienes parecen muy seguros. Lo importante no es no sentirla, sino no dejar que te defina.
Hablar de lo que te duele, pedir ayuda o simplemente reconocerlo en voz alta ya es una forma de soltarla.

Poco a poco, la vergüenza se convierte en comprensión, y la comprensión en libertad. Y en ese proceso, empiezas a tratarte con el respeto que siempre mereciste.


3. Preguntas a contestar

Qué necesidades emocionales pueden estar afectadas cuando nos ocurren estas cosas.

Cuando sentimos vergüenza, suele haber necesidades muy humanas que se ven heridas o no atendidas. La necesidad de pertenecer, de ser aceptados, de sentirnos vistos y valorados tal como somos. La vergüenza aparece cuando creemos que algo en nosotros nos pone en riesgo de perder ese amor o esa aceptación.
  • ¿En qué momento empecé a pensar que debía ocultar una parte de mí?
  • ¿Quién me enseñó que mostrarse vulnerable era motivo de juicio o rechazo?
  • ¿Qué estoy intentando proteger cuando me callo o me escondo?
  • A veces la vergüenza nace del deseo profundo de ser comprendidos y de no lograrlo. Queremos sentirnos dignos, reconocidos, amados sin condiciones, pero tememos que si los demás ven lo que nos avergüenza, nos aparten. Esa tensión interna desgasta, y nos lleva a exigirnos perfección o a evitar mostrarnos por completo.
  • También puede afectarse la necesidad de seguridad emocional. Cuando la vergüenza se repite, aprendemos a desconfiar de nosotros mismos, a pensar que nuestras emociones son un error o una carga. Nos desconectamos del cuerpo, del placer, de la espontaneidad.
  • Por eso es importante preguntarnos con ternura:
  • ¿De qué necesito perdonarme?
  • ¿Qué parte de mí está pidiendo comprensión y no juicio?
  • ¿Qué me haría sentir en paz conmigo mismo ahora?
  • Reconocer estas necesidades no es debilidad, es un acto de honestidad y cuidado. Porque solo cuando entendemos lo que realmente nos duele, podemos empezar a soltar el peso de la vergüenza y abrir espacio para mirarnos con respeto y calma.

4. Qué sentimientos tenemos que gestionar

La vergüenza rara vez llega sola. A menudo viene acompañada de culpa, miedo, tristeza o rabia. Es un sentimiento que se mezcla, que confunde, que nos hace dudar de nosotros mismos y de nuestro valor. Aparece cuando creemos que algo en nuestra forma de ser, de actuar o de sentir no es aceptable, y eso puede despertar muchas emociones a la vez.

Hay que aprender a reconocer el miedo a ser juzgados, a no ser suficientes, a decepcionar a otros. Detrás de ese miedo, suele haber una necesidad profunda de amor y pertenencia. También aparece la culpa, que nos hace sentir responsables de cosas que, en realidad, no dependen solo de nosotros. Y la tristeza, que nos recuerda lo que hemos perdido al escondernos: la naturalidad, la cercanía, la confianza.

Gestionar estos sentimientos no significa negarlos ni luchar contra ellos, sino darles espacio para comprenderlos. Escuchar qué intentan decirnos: qué herida están señalando, qué parte de nosotros pide aceptación.
A veces basta con nombrar lo que sentimos para que empiece a soltar su fuerza.

Cuando podemos mirar la vergüenza sin huir de ella, algo cambia. Ya no somos el error que imaginábamos, sino alguien que está aprendiendo a quererse incluso cuando se siente vulnerable. Y ahí, en ese reconocimiento, comienza la verdadera reparación.


5. Qué nos decimos

  • Si no cambio mi cuerpo nadie me va a querer. - Tengo que verme fuerte para que me respeten. - No soy atractivo así.
  • Cambiar “no soy suficiente” por “estoy aprendiendo a quererme”. - Cuestionar que el valor dependa del cuerpo.

6. Qué nos ayuda

Nos ayuda reconocer que sentir vergüenza no nos hace débiles ni defectuosos. Todos la hemos sentido alguna vez, y entenderlo nos libera del peso de creer que somos los únicos. Nos ayuda hablar de ello con alguien de confianza, poner en palabras lo que antes callábamos, dejar que la voz tiemble un poco sin avergonzarnos por eso.

Nos ayuda tratarnos con la misma comprensión que tendríamos hacia un amigo. Recordar que cada parte de nosotros merece ser vista con respeto, incluso aquellas que quisiéramos ocultar. La ternura hacia uno mismo es una forma poderosa de sanar.

También ayuda perdonarnos por las veces que nos escondimos, por las oportunidades que dejamos pasar, por haber creído que no éramos suficientes. La vergüenza pierde fuerza cuando dejamos de alimentarla con juicio y empezamos a mirarla con curiosidad.

Nos ayuda no forzar el cambio, sino acompañarlo. Mirarnos con paciencia, reconocer los avances, celebrar los momentos en que nos atrevemos a ser auténticos. Con el tiempo, la vergüenza deja de dominar y se convierte en una maestra silenciosa que nos enseña a vivir con más verdad y menos miedo.

  • Nos ayuda reconocer que sentir vergüenza no nos hace débiles ni diferentes Nos ayuda hablar de lo que sentimos, sin escondernos ni disculparnos por ello Nos ayuda recordar que todos pasamos por momentos en los que dudamos de nuestro valor Nos ayuda reducir la exposición a redes tóxicas que nos hacen compararnos o sentirnos menos Nos ayuda practicar la compasión corporal, mirarnos con respeto y cuidar el modo en que hablamos de nosotros mismos
  • Nos ayuda tener paciencia, entender que sanar no es inmediato y que cada paso cuenta Nos ayuda pedir apoyo, compartir con alguien que escuche sin juzgar Nos ayuda reconocer nuestros avances y agradecer las veces que logramos ser auténticos Nos ayuda evitar el perfeccionismo, aceptar que equivocarse no nos hace menos valiosos Nos ayuda escribir, crear o expresarnos como forma de liberar lo que guardamos Nos ayuda buscar espacios seguros donde podamos mostrarnos tal como somos Nos ayuda recordar que no hay nada que ocultar ni demostrar, que merecemos respeto incluso en nuestros momentos más frágiles

Este espacio está pensado para acompañarte y escucharte, pero no es un servicio de emergencia. Pedir ayuda es un acto de valentía. Habla con alguien de confianza ahora mismo, con emergencias de salud mental de tu zona o llama al teléfono de la Esperanza (24 h).

Hablar a través de chat

Relacionarme con otros grupos

Busco atención presencial: individual y grupal.

Elige tu categoría

Selecciona una categoría para continuar y descubrir contenido personalizado

Nombre