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Me sentía fuera de lugar, como si sobrara en sus vidas. Siempre he tenido un grupo de amigas muy bueno, llevamos juntas desde el colegio. Con ellas siempre me había sentido cómoda, en confianza, y teníamos la confianza de hablar de todo sin filtros. Éramos ese tipo de grupo que está pegado todo el día en clase y luego también se escribe por WhatsApp por la noche. Me sentía parte de algo, y creía que eso nunca iba a cambiar.
Me llamo Yurena, tengo 20 años y soy de Marruecos. Llegué a España con mi familia hace cinco años. Nunca olvidaré ese día: el coche lleno hasta arriba, mi madre intentando disimular el miedo con una sonrisa y mi padre repitiéndonos que aquí tendríamos más oportunidades, que era por nuestro futuro.
En la adolescencia empecé a sentirme muy perdida. Cuando estaba a punto de empezar la universidad, mi relación con mi madre estaba completamente rota. Las discusiones fuertes habían empezado en segundo de bachillerato, cuando yo tenía 18 años. Siempre habíamos tenido buena relación, pero ese año fue diferente. Era como si ya no pudiéramos hablarnos sin acabar enfadadas.
Aún me cuesta hablar de ello, pero hace un año y medio perdí a mi padre. Hacía tiempo que estaba enfermo, y aunque todos sabíamos que el desenlace era inevitable, nadie estaba preparado de verdad para el momento en que ocurrió. Durante meses vivimos en una especie de pausa. La vida giraba en torno a visitas al hospital, turnos para acompañarlo, esperas llenas de incertidumbre, silencios incómodos, y ese intento constante por mantener una rutina que hacía tiempo que había dejado de ser normal.
Cuando tenía 20 años me encontré en una situación que, aunque entonces me pareció pequeña, acabó afectándome profundamente. Yo tenía un grupo de amigos desde el instituto. Éramos bastantes, nos conocíamos muy bien y siempre nos lo pasábamos genial. Éramos ese típico grupo de chicos que está todo el día de broma, con risas constantes y vaciles entre nosotros. Al principio, eso era parte de nuestra dinámica, y yo también participaba en ella. Las bromas dejaron de ser generales y se volvieron más personales.
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